Ya no hay miedo en lo colectivo, por desaparecer. Pero en cuanto uno encuentra algo que lo apasiona, le quema el pecho por volver verbo lo que es capaz de imaginar. Ahí es donde buscamos revertir el rol de la liquidez: pero durante este período de espectador silencioso con deseos de "ya no estar allí", olvidamos los mecanismos y su compás.
Volver a la realidad puede ser un acto de coraje, pero denota mayor valentía la constancia, ante esa máquina insaciable que es hoy "lo real". Si me analizo, me descompongo, y preciso pasar del estado líquido al sólido. ¿Cómo descomponer lo líquido? Imagino ese intersticio necesario para volverlo sólido.